jueves, 3 de enero de 2008

Viaje a Toledo, antes de fin de año.

El viernes 28, día de los inocentes, sí, pero sin miedo, cogimos el coche a eso de las cuatro de la tarde y nos pusimos en marcha a Toledo. Unas gestiones con la Federación regional de Esgrima fueron la excusa perfecta para pasar un fin de semana entre las calles y la historia de la ciudad imperial.

Antes de llegar a nuestro destino principal, nos plantamos en Camuñas, en la forja de un armero de los de antes, a dejarle una de mis espadas para que me la repasara, y a que me arreglase, con un par de martillazos la otra. Ambas espadas, Tesón y Truncatemores, son obra suya, y puedo dar fe de su resistencia y manejabilidad.

Tras esta parada “de emergencia” seguimos caminos hasta Toledo, donde llegamos a eso de las ocho, más o menos. Lo primero, dirigirnos al Convento, en busca de Mazapán elaborado por las hermanitas. Pero mira tú que nos lo encontramos ya cerrado. Así que fuimos al hostal a dejar nuestras cosas, pues era buena hora para ello.

Luego pasamos el resto de la tarde en casa de Helio, que nos enseñó toda su colección de armas. Helio es mi Maestro de Armas, el Presidente de la Federación Regional de Esgrima, un coleccionista emperdernido, un amante de la esgrima y un amigo. Su museo particular tiene desde armas deportivas con historia a réplicas de armas de película, réplicas históricas, armas negras para esgrima antigua, recreación y espectáculos y verdaderas armas, antigüedades que le han llegado por herencia familiar o que él mismo ha comprado.
Es un conversador incansable, con lo que disfrutamos toda la velada. Tras la cena, nos fuimos a acostar, ya que al día siguiente había que trabajar.

Nos levantamos relativamente temprano (para lo que es un sábado, claro) y nos fuimos al Convento, que esta vez sí que estaba abierto. Tras la celosía nos saludó un alegre y cantarín “Ave María Purísima” que respondimos con el consabido “Sin pecado concebida”. Compramos mazapán para nuestros padres y hermanos y nos dirigimos a casa de Helio. Mientras discutiámos numerosos detalles de las elecciones regionales, Rakel se entretenía con Lucas o leía un librito que, prudentemente, había cogido de nuestro estudio en Albacete.

Al acabar esta jornada, Helio nos llevó a comer al restaurante la Muralla, donde degustamos un excelente cochinillo.

Tras la siesta de rigor, y el trabajo de la tarde, fuimos a visitar Toledo guiados por Helio. Las callejas oscuras y los portalones nos trasladaron a otros tiempos, a otras eras. En cualquier momento, un grupo de matasietes podían salirnos al paso, amenazarnos con su fierros, acuchillarnos con sus dagas.

Tras su trabajo como Cicerone, Helio se fue a casa a cenar y a seguir trabajando, y nos dejó recorrer el casco antiguo a nuestra bola. Terminamos cenando en el restaurante bohemio, una pizza que estaba para derretirnos el paladar y un vino Cuné de muerte. En el obligado paseo para bajar la cena, nos paramos en la puerta del Sol y en la de Bisagra, antes de llegar al hostal.

Por la mañana, tras desayunar con Helio y rematar el trabajo que nos había llevado a Toledo, nos dirigimos de nuevo al casco antiguo, a intentar ver San Juan de los Reyes, ya que en las anteriores ocasiones en que había estado en Toledo, por un motivo u otro, nos había sido imposible acceder.

Esta vez tuvimos suerte, y pudimos admirar con la calma que se merece el Claustro y la Iglesia. Otra vez, la historia nos llamaba desde cada rincón, desde cada figura, para transmitirnos la paz que solo los siglos que han pasado son capaces de depositar.

Nos entretuvimos en el café de la monjas, a reponer fuerzas y bajamos a comer con Helio antes de volver a nuestra tierra.

Aún volveremos por Toledo, a visitar las Sinagogas, la Casa del Greco y a recorrer sus calles intentado capturar en alguna esquina a Bécquer paseando al atardecer mientras imagina alguna de las leyendas que esta ciudad le inspiró.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Pasa la Luz de Belén !!!



¿Te cuento como vivo yo, en parte, la Navidad? Mola, de verdad.

Imagina que vas andando por la calle una tarde cualquiera antes de Nochebuena. La gente ha invadido las calles iluminadas por la decoración. Todo el mundo busca algo especial para regalar. O para quitarse el muerto de encima, que también pasa. También.

Vas mirando el escaparate de una tienda de ropa al tiempo que piensas en el juguete tan caro que ya se ha agotado. Te gustaría regalar a tus familiares y a tus amigos algo especialmente sincero, auténtico que dicen los yanquis. Pero, en tu interior, sabes que nada de lo que puedas comprar podrá reflejar el sentimiento que esas personas especiales te transmiten.

Para mamá, unos pendientes. A papá un jersey, o un paquete de puros, que es ecológico. A mi hermano, un cachivache sin sentido. A la abuela, el socorrido pañuelo. Dios, esta Navidad huele a gasto, no a ternura. Para calmar tu conciencia, decides comprar algo en Medicus Mundi, o en el Centro de Comercio Justo. Pero, aunque te satisface, será más de lo mismo. Comprar, comprar, comprar.

Y, en eso, ves una pareja de locos caminar por la acera. Como para no fijarse en ellos. Los mira todo el mundo. Algunos los miran con disimulo. Otros descaradamente. La chica lleva un candil ¡ENCENDIDO! El chico, una bolsa. Por las formas que adoptan los pliegues de plástico, sabes que dentro lleva muchas velas. Se les ve felices. No parecen molestos ni satisfechos de que las gente los mire. Se paran junto a un portal y llaman al timbre. En seguida se abre la puerta y una señora, de mediana edad, sale a la puerta con una vela en la mano.

Se saludan con un par de besos. Hablan, riendo sinceramente.

Pasan al portal y cierran la puerta, pero se ve que se han quedado dentro. Te acercas, cargado de bolsas a mirar. Con una vela finita, de esas que se reparten en las iglesias, la chica coge la Luz del candil y enciende la vela de la señora, que parece emocionarse. Se vuelven a besar, y se despiden.

“El primer domingo de adviento –el tiempo que precede a la Navidad, más o menos un mes- se enciende una vela en la llama que permanentemente brilla en la ermita de Belén, en Nazaret. Esa vela encendida comienza una peregrinación por toda Europa, encendiendo, a su paso miles de velas, que a su vez encenderán otras tantas.

La idea es que el día de Nochebuena, la Luz de Belén presida nuestras cenas, en casa, en los hospitales, en los sitios donde la Esperanza pueda manifestarse en algo tan sencillo como una llamita. Cada año, la Luz transmite calor, iluminación, alegría… y también paz, ternura, compañía, cercanía y humildad.

Llevar la Luz a mi casa, a mis amigos, a cualquiera que la pida, nos hace sentirnos parte de una cadena de Esperanza. No es un regalo más. Es el regalo. Cuando llevamos la Luz a una parroquia, nos sentimos contentos, porque de allí la gente la llevará a otros sitios, siempre como un regalo, como un beso. Cuando la llevamos a casa de nuestros familiares y amigos, es nuestro corazón y nuestra fe lo que llevamos. Es decir, con este gesto, que esperamos que nunca falte la Luz en la vida de aquellos que más nos importan”.

La Luz ha llegado a Albacete. El día 22, sábado, a las 19.30, se entregará en la Parroquia de Santa Teresa a todo el que la quiera recoger.

Si no puedes ir, y la quieres, escríbeme un mensaje a mi correo particular lgonmartinez@yahoo.es y yo te la daré.

RECUERDA: es gratis. Es un regalo. Es distinto. Es tierna. Es la Luz.

Lucio.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Ya se acerca la recreación de Teruel.

Nuestros amigos de Fidelis están organizado las Bodas de Isabel de Segura, en Teruel. A ver si podemos asistir. Lo chulo sería llevar a cabo una expedición albaceteña, joé.

De momento, copio el post que Don Jesus Fidelis ha puesto en la web de la AEEA, invitando a asistir a todo el mundo.

Con motivo de su futuro enlace, el señor de Albarracín, ricohombre de la corona de Aragón, y hombre fuerte del rey Jaime I, desde que en Agosto de 1.214 le jurara fidelidad en Lérida, Don
Pedro Fernández de Azagra se complace en invitarles a sus próximos esponsales con Doña Isabel de Segura, hija de una de las familias de más renombre de la joven Ciudad de Teruel.

El señor de Azagra ha previsto unos terrenos cercanos a la iglesia de Santa María de Mediavilla, en los que acogerá a las huestes y mesnadas de sus amigos y conocidos para que puedan sentar sus reales a las puertas de Teruel y compartir la dicha y banquete de celebración de su inminente boda.Como está prevista, como no puede ser de otra manera, la llegada de gente muy principal, otros linajes de ricoshombres de la Corona, Fidelis Regi, Condes, jefes de mercenarios, gente de alcurnia y rancio abolengo, la ciudad acogerá con lo brazos abiertos a todas estas gentes para mayor gloria y honor de los futuros esposos.Por unos días la ciudad de Teruel será el centro de la Corona, donde las más principales familias estarán representadas.

Los recientes años han sido duros, después de la derrota en Muret el 13 de septiembre de 1.213, y la llegada en virtud del enfeudamiento de Aragón con el Papa de un legado pontificio para el arbitrio de la situación que dividió el reino en dos gobernadores, uno de los cuales fue nuestro tan estimado Señor de Albarracín, , por fin ahora las cosas cambian de tono, nuestro soberano está en su trono y los nubarrones se retiran de nuestro reino y dejan paso a nuevos proyectos de la Corona y de sus hombres fuertes, tanto la ciudad como el resto del reino viven con júbilo tan magno acontecimiento y se dispone a celebrar durante varios días y en la calle una fiesta que no tendrá parangón en todo el orbe cristiano, para celebrar las Bodas de Isabel de Segura.

Será un honor y un placer contar con vuestra presencia en el campamento establecido para la ocasión y tendrá un lugar de reconocimiento y privilegio junto a otras grandes Casas y Linajes.

Dios bendiga a los futuros esposos y que todo sean parabienes para ellos y los que les acompañemos en tan señaladas fechas.

Turolium Anno Domini 1.217

martes, 13 de noviembre de 2007

Mi Club de Esgrima.

Tomando el otro día un café con una de nuestras compañeras del Club, le comentaba algo a lo que le vengo dando vueltas hace ya un tiempo. Hablábamos de la publicidad del Club, de lo difícil que es convencer a la gente para que pruebe nuestro deporte, de la ilusión y de la satisfacción que nuestra penúltima (siempre, siempre será la penúltima, lo garantizamos) locura nos estaba regalando.

Se trataba de una conversación agradable, entre dos apasionados por un mismo deporte. Hablábamos de qué bien había respondido la gente a nuestra iniciativa, de que se lo están pasando bien con una espada, o un florete, en la mano. Estábamos contentos de lo que hacíamos, sí. Felices. Alegres.

Y en ese momento, le comenté que teníamos que transmitir el orgullo de pertenecer a nuestro Club. La filosofía que defendemos, su ideario, su personalidad es algo que tenemos que proclamar a los cuatro vientos, que tenemos que compartir con todo el mundo. Somos un atolón en un océano, somos un granito de arena en el desierto, una estrella en el cielo, sí. Puede parecer que lo que hacemos, y lo que es tan importante como ello, cómo lo hacemos, es insignificante y un poco trasnochado. Pero no lo es. Nuestra filosofía de Club, nuestra forma de entender el deporte, nuestra cerrazón a dejarnos vencer es algo que hay que dejar muy claro, que hay que gritar hasta quedarnos afónicos para que todo el mundo sepa que en nuestra tierra, en nuestra queridísima Albacete, aún hay algunos locos sueltos con ganas de vivir con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.

No podemos olvidar que mantener la afición a este deporte desde nuestra vertiente estrictamente amateur es muy duro. Hay que luchar contra la tiranía mediática del deporte rey, contra las eternas dificultades de espacio donde practicar el arte de la esgrima, hay que compaginar nuestra pasión con las exigencias de nuestra propia vida personal, ya sean laborales, familiares o de salud. Hay que decir que nos hemos dejado el tiempo, el dinero y las horas de sueño por mantener vivo un sueño.

Pero también hay que decir que las satisfacciones que este deporte nos aporta, la sensación de plenitud que nos transmite y el sabor a leyenda que imprime a nuestro vivir diario nos recompensa con creces de cualquier otro sentimiento de cansancio, de duda o de derrota.

Que nos gustaría poder transmitir a todo Albacete lo que la esgrima significa para cada uno de nosotros. Que no podemos expresarlo con palabras. Que hay que mirarnos a los ojos para leer en ellos todo lo que no somos capaces de decir.

A continuación propongo el que a mí me parece el mejor ideario de nuestro pequeño Club. Pero os animo a que lo completéis con vuestras propias aportaciones, con vuestras palabras, con vuestros sentimientos. Esas sentencias que, sin haberse escrito nunca, han ido conformando nuestra personalidad y nuestro genio. Vamos a ver si lo logro.

1. El Club de Esgrima Los Llanos es un Club para el mantenimiento y la promoción del deporte de la esgrima en Albacete. También es un sentimiento, una ilusión y un desafío.
2. El Club de Esgrima Los Llanos lleva a cabo todas sus actividades sin ningún ánimo de lucro.
3. El Club de Esgrima Los Llanos está formado por personas de cualquier edad y condición, que coincidan en la necesidad de disfrutar de la esgrima.
4. Por ello, el Club de Esgrima Los Llanos es un Club abierto a cualquiera. En nuestro Club cada persona elige el nivel hasta el que quiere llegar, el esfuerzo que puede realizar y el tiempo que quiere dedicar a nuestro deporte.
5. En nuestro Club, las personas que lo integran son más que deportistas. Son amigos con los que hacemos esgrima. Son lo más importante del Club.
6. Mientras dos personas quieran seguir haciendo esgrima con esta filosofía, el Club de Esgrima Los Llanos seguirá existiendo.

martes, 25 de septiembre de 2007

Maderuelo 2007. Sábado por la tarde.

No serían las cinco de la tarde cuando arribamos, a la hora convenida, al prado donde se iba a librar una escaramuza más de las que asolaron las nobles tierras segovianas. La Ermita donde se veneraban los restos de la Vera Cruz de Nuestro Señor fue testigo de la llegada de los numerosos guerreros que se aprestaban a empuñar sus armas para defender o atacar la villa de Maderuelo.



Una benevolente nube se empeñaba en favorecer nuestra empresa, protegiéndonos del inclemente astro rey.



Llegamos de los primeros, y Luis y yo, auxiliados convenientemente por Virginia y Raquel, nos perterchamos para la ocasión. Revestidos de cota y almofre, bien calado los yelmos, ceñidas las espadas y empuñando los escudos nos dispusimos a visitar la Ermita. Hermosísimos frescos nos hablaban de la historia pasada, de tiempo que intentábamos atrapar con nuestros pertrechos y nuestro corazón.



Dentro de la Ermita trabamos conversación, entre otros, con el Preboste de la Sala de Esgrima Antigua de la villa madrileña de Tres Cantos, a la sazón Templario al servicio de la villa de Maderuelo, Don Oscar.



Fuera de ella, trabamos amigable conversación con los murcianos y con el Maestro Bomprezzi. En agradable charla estábamos cuando bajó al prado Don Alberto de Maderuelo, a informarnos de nuestro cometido en la batalla. Nos había tocado el gran honor de defender Maderuelo y su Ermita.



Ya superaban los combatientes el número de sesenta cuando se dispuso la batalla y las fuerzas que habrían de librarla.

Junto con los templarios encargados de defender la Vera Cruz, esperábamos ejercitándonos en el arte de la carga y defensa cerrada con escudos, cuando, cerca ya del atardecer, los frailes desfilaron, seguidos por los templarios, ante nos para dirigirse a orar en la Ermita y a venerar los restos que protegiámos con devoción. Nos arrodillamos a su paso y al alzarnos para continuar con nuestros marciales tareas cuando una voz nos sobresaltó.



Unos villanos, campesinos, huían de un ataque de una caballería mercenaria. Una hueste aragonesa había descendido el Rio Aza en busca de botín y sangre. Los arqueros nos bastaron para contener sus primeras oleadas. A la voz de nuestro capitán, hicimos una salida que logró rechazar su primera acometida. Los cadáveres y los heridos quedaron en el campo de batalla como testigos dello.



Una segunda embestida, más furiosa y sangrienta nos empujó tras la empalizada. Codo con codo con los templarios, luchamos hasta que fuimos rechazados. Pegaron fuego a la torre como para demostrar sus intenciones: ni prisioneros, ni piedad. Un herido había quedado y junto con otro soldado que no conocí, salí a por él, con la esperanza de arrastralo hasta nuestra posición. Lo único que conseguimos fue evitar que se afixiara con el humo de la torre, teniendo que dejarlo junto a la empalizada.



Un grito anuncío una tercera carga. Los mercenarios atacaron sin miedo y sin piedad. Las estocadas, los tajos, los golpes de escudos y de maza hicieron que los defensores de Maderuelo cayéramos defendiendo la Ermita.



Al final, vencedores y vencidos, posamos para que nos inmortalizaran con su máquinas diabólicas los brujos y brujas que a ellos se aprestaron.



Tras la Algarada, nos cambiamos y subimos a compartir una buena y merecida merienda con nuestras damas. Charlamos con unos y otros y bajamos a cenar a Ayllón con los toledanos y los murcianos.



Cenamos en la plaza de Ayllón, en muy buena compañía. Y nos fuimos a acostar, felices porque nuestra aventura aún no había terminado.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Maderuelo 2007: Sábado por la mañana.

Recién levantados, y una vez desayunados, nos acercamos a la panadería de Ayllón, a encargar pan para el grupo de Toledo y nosotros mismos. No os imagináis la cara de la chica cuando le pedimos ¡10 PANES DE PUEBLO! Hasta tuvo que llamar al horno para ver si nos lo podían servir y todo.....

Una vez encargado el pan y desayunados, nos fuimos al hotel a vestirnos. De paso, teníamos que comprobar que Virginia y Luis estuvieran vivos y despiertos. Una vez vestidos, y percatados de que el siglo XII iba apoderándose de nuestra forma de hablar y de pensar, decidimos aprestarnos, ya que todavía teníamos que recoger las viandas que prontamente habíamos encargado esa mañana.

La sorpresa que se anunciaba en la cara de la dueña de la taona nos confirmaba lo que ya sospechábamos. Algún extraño conjuro nos había hecho vivir en un mundo y una época que nos era tardía. Extraños carruajes sin caballos, infernales luces y alforjas de un material diabólico nos rodeaban por doquier.

Pero una grandísima sorpresa nos esperaba en la puerta del Hostal. Allí, aparcado en toda la puerta, estaba el carruaje en que la hueste toledana acababa de llegar. Helio nos estaba esperando en la taberna de nuestra hospedería, para intercambiar chanzas y la crónica de su azaroso caminar, sobre todo cuando tuvieron que cruzar la Oscura Tierra del Reino de Madrid.

Ya vestidos, bajamos a reunirnos con la hueste de la imperial ciudad, y bajo el mando del Capitán Martín Muñiz, nos dirigimos raudos y decididos a Maderuelo.

Llegados a Maderuelo, nos revistimos con nuestras cotas de mallas, almofres, yelmos, sobrevestas y armas (jarrrr, nuestras armas, por fin). Las damas venían ya vestidas de Ayllón, y nos aprestamos a cruzar a la puerta de la muralla. Fue dejar atrás todo temor y toda tristeza. Nuestros corazones saltaban en el pecho de la alegría que nos causaba el haber vuelto a la tenebrosa época de la historia en que debimos nacer.

La primera parada, tras cruzar el arco y dejar atrás el cepo de ajusticiamientos, fue la taberna del Tío Toninos (como no podía ser de otra forma). El olor a carne haciéndose a la brasa y el sordo funcionar el alambique fueron suficientes motivos como para detenernos aquí. Degustamos ricas viandas de la tierra de Segovia, acompañadas de un buen vino tinto, que nos repuso del pronto despertar. Los taberneros nos pidieron a cambio la voluntad, y Rakel, la encargada de la bolsa, les dejó cinco maravedíes, en reconocimiento a la hospitalidad con que nos veníamos regalados.

Una vez repuestos, y pasando junto al bazar donde se vendían multitud de utilidades y abalorios, llegamos a la Plaza, donde multitud de amigos esperaba el reparto del botín que la milicia había atesorado en sus correrías contra los moros. Saludamos a Don Diego, entre otros, de la Mesnada de las Tres Estrellas, y vimos en la algarabía a Don Rodrigo, de la Hueste de los Lara, y otros muchos.

Había retornado ya la milicia concejil y se aprestaron a repartir el botín, según ordena el fuero de la Villa. Se resarció a las viudas, a los caballeros quebrantados y que hubieran perdido armas o animales al servicio de Maderolis, con escasa satisfacción por parte de éstos.

Una vez hecho el reparto, se procedió a armar y hacer funcionar el almajeneque, como ejercicio militar y para divertir a la turba allí congregada para la ocasión.

Impresionados por tan mortal aparato de guerra, nos dirigimos a satisfacer el hambre, dirigiéndonos al Alfoz, regentado por el adusto caballero de Maderuelo Alberto Carnicero.

Coincidimos y compartimos yantar con el Dunadán y la hueste del Reino de Murcia, que venían a buscar gloria y honor. Don Alberto nos informó que para la tarde se esperaba tuviera lugar una escaramuza de armas junto a la Ermita donde se conservan la Vera Cruz donde murió Nuestro Señor para la salvación de nuestras almas. Nos conjuramos para asistir a tal hecho, y a morir si fuera necesario por defender la villa que también nos estaba acogiendo.

Pero antes, nos dirigimos a Ayllón a reposar y a recuperar nuestras cansadas fuerzas para la tarde que se prometía aún más intensa que la mañana de aquel sábado que la historia recordaría siempre.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Maderuelo 2007: Volviendo al siglo XII.

Primera jornada (Viernes): Llegada a Ayllón.


El último fin de semana de agosto, Rakel y yo nos cogimos el coche y nos pusimos en marcha a cumplir un añejo sueño de ambos: visitar un pequeño pueblo de Segovia y participar en la fiesta recreacionista que allí se celebra.


Para ello, pasamos meses preparando el equipo, alimentando ilusiones, intentando hacer coincidir vacaciones. Una buena cantidad de horas, de decepciones, de ilusiones recobradas, de dinero... se han quedado por el camino para ser sustituidas por la enorme satisfacción y la emoción de haber vuelto, durante unos poquitos días, al siglo XII.

Es verdad que la nuestra no fue una recreación "pura" como la que llevan a cabo grupos tan relevantes como Fidelis Regis, Leo Crucis, o la Mesnada de las Tres Estrellas, claro. Pero es que Rakel y yo teníamos claro que a esta recreación queríamos asistir no como un grupo que vive y respira el medievo hasta el extremo de emular la forma de comer, vestir, dormir y sentir hasta donde se pueda.

Símplemente queríamos disfrutarlo a nuestra manera, más light, menos purista, quizás, y "jugar" a ser un simple soldado cualquiera y su compañera campesina de esa época en la que debimos nacer.

El viernes nos pusimos en marcha a media mañana, tras llenar el coche con todos nuestros trastos. Fue un viaje muy tranquilo. La circulación por la carretera estaba bastante bien, y no tuvimos mayores complicaciones hasta llegar a Madrid. Nos despistamos y cogimos la M-45 en lugar de la M-50, pero no fue mayor el problema. Sólo nos retrasó unos minutillos. Lo peor fue un peazo de retención a la salida de Madrid, pero que solucionamos con un poco de paciencia.

Tras salir de Madrir, nos detuvimos a comer en un pueblo, "de cuyo nombre no quiero acordarme", donde nos cobraron muy bien la comida. Pero hay que decir que la comida estaba muy buena y que el comedor del hotel era muy bonito.


Llegamos a Ayllón, a eso de las seis de la tarde, y tras registrarnos en el hotel y subir los trastos a la habitación nos fuimos a ver el pueblo. Qué pasada, que bonito, que incursión tan inesperada en el ayer.

Nos alojamos en el pueblo por recomendación de Helio (mi maestro de esgrima deportiva, ya hablaremos luego de él) y de Pepe, el Teniente de la Sala Alicantina de Esgrima Antigua, y fue un idea genial. Está a unos 15 Kms. de Maderuelo, pero vale la pena el ratito de carretera, de verdad. No se hace nada pesado el viaje. Vamos a ver imágenes de Ayllón, que merece la pena.


Lo primero que nos encontramos fue el arco, que da acceso al pueblo, a través de la muralla. De inicio, te recibe esta portada, que estuvimos mirando un rataco, alucinando.



Luego, nos esperaba la Plaza del pueblo, bonita como pocas que hallamos visitado. La iglesia románica, el ayuntamiento, la fuente, las galerias, las flores.... iban conquistando nuestros sentidos y alimentando nuestra ilusión.

Tras disfrutar la plaza, queríamos subir al Castillo ¡Por supuesto!
Pero las iglesias, las callejuelas, las casas blasonadas, los conventos, los jardines, y todo llamaba nuestra atención y nos obligaba a paranos cada dos por tres, a hacer fotos, a señalar con el dedo detalles o simplemente a contemplar en silencio la belleza que la historia produce.

Por fin, llegamos al Castillo. Sólo quedan los restos de una torre del mismo, pero es impactante. Desde ella se intuye el tamaño de la fortaleza, por los escasísimos restos de murallas y los surcos del suelo, que se podrían recorrer dejando volar la imaginación.


Pero aún nos quedaba otra sorpresa por vivir. Desde el Castillo vimos el monumento señalado con el número 8 en el mapa que un amable chaval de la oficina de turismo del pueblo nos había facilitado. La iglesia de San Juan, o mejor dicho, los restos que de ella quedaban. Reconstruida de forma particular para albergar una exposición de arte brut, nos atrajo hacia ella como imantados por algún conjuro extraño, mágico, visceral.

Esta iglesia es románico-gótica, ya que estos estilos son los que se conjuntan con ella y con la naturaleza. Es impresionante, apaciguadora y atemporal. Que pasada. Que conjunción de historia y naturaleza. Que descubrimiento.






Y al acabar nuestra visita al pueblo que nos acogía, tras un café como Dios manda en uno de sus bares, junto a la Iglesia, nos dirigimos a Maderuelo. Rakel confíaba extrañamente en mi instinto de orientación, bastante más que yo. Pero el caso es que con la caida de la tarde, llegamos, POR FIN, a Maderuelo.


Cruzar la puerta que da acceso al interior de las murallas fue algo especial, como cuando te levantas el día de Reyes y encuentras bajo el árbol el regalo que llevabas medio año diciendo "me lo pido" (una espada y un escudo, si no recuerdo mal, jejejejeje).


No había nadie vestido aún de época medieval. El atardecer era oscuro y pesado, y sin embargo, nuestro ánimo era el de dos niños pequeños que llegan a su particular Euro-Medievo. Recorrimos el pueblo deprisa porque nos impacientaba verlo todo cuanto antes. Al día siguiente, ya lo veríamos más tranquilamente, como saboreándolo. Nuestra sensación, esta noche, era la de dos peregrinos que encuentran un oasis en medio de un desierto. Había que beber deprisa, para sobrevivir.



Nos encontramos con los integrantes de Leo Crucis, que estaban montando su campamento, y bajamos a saludarles con la alegría de quien encuentra a los primeros amigos en una fiesta inesperada. Julio aprovechó para darme mi broquel, hecho por él. Y mi alegría subía, subía, subía. Por cierto, Julio es un armero fantástico, y mi broquel, una pasada.


Una vez que nos despedimos de los Leo Crucis, terminamos de recorrer el pueblo, en busca de un lugar donde cenar. Al final, a Los Templarios. Oye, cosa fina, fina. Una comida deliciosa, y el entorno, para qué contarlo.... como si retrocediéramos todos esos siglos que nos sobran en nuestro diario vivir. Tomamos ensalada y confit de pato, y de postre, chocolate.

Ummmmmmmm!!!!

La cuenta iba en consonancia con la calidad del sitio, pero lo dimos por bien empleado. Joder, eran nuestras vacaciones y había que disfrutarlo. Al salir, caía una lluvia no torrencial, pero sí fuertecita, que nos obligó a Rakel y a mí a correr hasta el coche, protegiéndonos BAJO EL BROQUEL, como si de un paraguas se tratase. Una vez dentro (del coche, no del broquel) nos secamos con la toalla que siempre llevamos en el maletero y pusimos rumbo a Ayllón. Al coger el puente me acordé de los Leo Crucis, que estaban montando su tienda y rezé un segundo porque no se mojaran esta noche.


Pero me tenía que concentrar en la carretera, angosta, oscura y lloviendo. Tardamos en llegar una media hora cuando esa carretera se hace bien en quince minutos, pero llegamos.



Llamamos a Luis y a Virginia que venían desde Alicante y acababan de parar en Madrid a cenar. Calculé que les quedaba una buena hora y cuarto larga y nos acostamos, con el móvil encendido, para que nos pudieran llamar, ya que la recepción del hostal cerraba y yo me quedé con la llave de su habitación.


No recuerdo a la hora que llegaron, pero tras un abrazo y unas palabras, nos fuimos todos a dormir. Lo bueno, empezaba al día siguiente.

Hola a tod@s!

Bienvenidos a mi mundo! Espero que os guste y podemas compartir experiencias y aficiones. Espero vuestros comentarios.