En esta ocasión, acudimos a Maderuelo una auténtica Mesnada. El año anterior Rakel y yo fuimos por primera vez a este bonito pueblo de Segovia con Luis y Virginia y lo disfrutamos en grande y nos propusimos volver acompañados de más amigos. Y lo conseguimos, vaya que sí.
Vinieron, además de Luis y Virginia, que llegaron desde su viaje a Salamanca, Carlos, Manolo y Elena, de Albacete. Y además, el freire David de Villena, armado de archiconocido recordatorium un artefacto infame que el propio Vaticano le ha hecho llegar para recoger e inmortalizar todos nuestros actos contrarios a la Fe.
El viernes nos reunimos en Ayllón, una belleza de pueblo a unos veinte kilómetros de Maderuelo. Ayllón guarda todavía todo su encanto medieval y pasamos la tarde paseando por sus calles, subiendo a la única torre del castillo que queda en pié y huyendo de la tormenta que estalló. Nos refugiamos en el bar Chueca, uno de esos bares donde los mayores juegan a las cartas y ven los toros.
El sábado llegamos a Maderuelo tempranito y nos vestimos con nuestros mejores hierros para participar en el desfile (que el año pasado nos saltamos, jejeje). La arenga de Alberto Carnicero nos llegó al alma y forjó nuestra determinación de defender la villa de Maderuelo de posibles asaltantes, advenedizos que pretendían aprovecharse la desguarnición de la villa por la campaña de Alarcos.
Bajamos a comer a Ayllón después de charlar con los amigos que nos íbamos encontrando y de celebrarlo con alguna cerveza en Los Templarios. Don Ramón de Al-Basit, Señor de la Mesnada de las Tres Estrellas, nos recibió y agradeció nuestro esfuerzo por llegar hasta donde su Mesnada estaba. De hecho, Rakel y yo nos “dispersamos” del grupo y terminamos bebiendo y comiendo a la entrada de la Posada de Maese Toninos, donde nos encontraron los demás.
Tras la comida y la merecida siestecilla, subimos hasta la ermita de Maderuelo, donde nos pertrechamos para entrar en batalla. Este año nos tocó defender otra vez la Ermita de la Vera Cruz de la cabalgada leonesa. Nos atacaron en mitad de la celebración de una Misa de campaña, cuando los templarios, la hueste concejil y las mesnadas amigas estaban desarmadas. Los Mesteños de Al-Basit éramos parte de la guardia de la Misa, así que contuvimos cuanto pudimos a tan infames vellacos, junto con los Hospitalarios y los del Languedoc, pero al final tuvimos que rendirnos, ya que eran mucho más numerosos que nosotros, y dimos por perdido el Ligunm Crucis.
Nos llevaron presos a su retaguardia, pero no todo estaba perdido. Nuestra resistencia había dado tiempo a los templarios y a las huestes amigas para rehacerse. Mientras la Mesnada de las Tres Estrellas y la Hueste de los Lara intentaban recuperar el flanco izquierdo los templarios aguantaban en formación la lluvia de flechas que les caía. Agotadas las flechas, los templarios conquistaron el flanco derecho y nos liberaron. Juntos atacamos a los leoneses por la retaguardia, mientras la hueste concejil iba ganando terreno. Cogimos a los leoneses entre dos filas y, señores, les cayó la del pulpo –medieval-.
Habíamos recuperado el Lignum Crucis y defendido a Maderuelo a base de acero ¡Gloria!
Subimos luego a Maderuelo, a celebrar dignamente nuestra victoria, -el momento parchís queda para el recuerdo- disfrutando los guerreros y el Pater unas cervezas mientras las mujeres se afanaban en comprar en el mercadillo de la plaza. Todos juntos fuimos a ver funcionar el Trebuquete, trabuquete o almajeneque, que demostró, una vez más su terrible poder.
Mientras las mujeres se entretenían en la Plaza, tirando de la Visa Oro medieval –con lo que cuesta ganar maravedíes, escudos, pesetas o euros- Luis de Alcoy, el hermano David de Villena y yo nos dirigimos al campamento de la Mesnada de las Tres Estrellas y Ferruza, a departir con Don Ramón y recoger unas mazas que el armero de Ferruza había hecho para Pepe, de Alicante.
Bajamos a recoger luego al resto de la tropa y decidimos cenar a la orilla del río, para poder ver los lanzamientos nocturnos del trabuquete. Allí compartimos viandas de Alicante, La Mancha y Salamanca, como vino, jamón, chorizo, salchichón, queso al romero, hornazo y pan.
Tras los lanzamientos, nos fuimos a acostar a Ayllón, contentos de tan buen día pasado en tan buena compañía.
A la mañana siguiente, sólo Manolo y yo tuvimos fuerzas para volver a vestirnos de hierros y participaren el desfile, pero lo hicimos luciendo las mazas de Pepe (más que nada para ver si eran cómodas, si quedaban bien en los desfiles…. nada más, no vaya a pensarse que nos gustan tenerlas en las manos ni usarlas.. eh ¿quién hizo esa foto?).
Al terminar el interesante sermón sobre la acidia y otros males por los que se perdió Alarcos, nos tiramos nuestra última cerveza y nos despedimos de todos los amigos que pudimos encontrar. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos a Ayllón a comer las sobras de la noche anterior en el “Prado de las Avispas” que queda junto al río. No sé si se llama de verdad así, pero es lo suyo por la cantidad de insectos picosos que pululaban.
Ya veníamos comentando eso de que el año que viene tendremos que alquilar una casa en Maderuelo o similar, para disfrutar aún más de esta fiesta de la que estamos a sentirnos parte.