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martes, 22 de septiembre de 2009
YA SÓLO QUEDAN UNOS DÍAS...
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martes, 15 de septiembre de 2009
OOOOHHHHH, LA FERIA!!!
El pasado fin de semana, unos buenos amigos se dejaron caer por Albacete para conocer su Feria y dejarnos, de paso, disfrutar de su compañía.
A pesar de lluvia que cayó, hicimos lo típico: comer como salvajes, andar como ovejos y beber hasta que los párpados nos recordaron que ya no veríamos los veinticinco ninguno de nosotros (bueno, ni los treinta, jejeje).
El domingo, los levantamos tempranos (gracias, Gachán), y tuvimos una visita algo más cultureta de la Feria: el puesto de libros de ocasión y comics de El Joven, la exposición del Concurso de Cuchillería y algo de historia.
Y por el resto de la Feria que decir... que no sé cómo aguantamos estos diez días, vivos y enteros (y como lo soporta la cuenta del Banco, ni la crisis puede con la Feria, joé). A comer con mis padres, mi hermano, Mª José y el chiquitín; a comer con los amigos y su test de compatibilidad a traición; a comer con los padre de Rakel... Dios mío, yo no sé ni cómo lo conseguimos soportar.
Pero ¡PRUEBA SUPERADA! Otra Feria que pasa sin llevarnos por delante.
Por cierto, ¿Os he comentado que sólo faltan doce días para que nos casemos? Qué largo me parece, y qué ganas de que llegue....
A pesar de lluvia que cayó, hicimos lo típico: comer como salvajes, andar como ovejos y beber hasta que los párpados nos recordaron que ya no veríamos los veinticinco ninguno de nosotros (bueno, ni los treinta, jejeje).
El domingo, los levantamos tempranos (gracias, Gachán), y tuvimos una visita algo más cultureta de la Feria: el puesto de libros de ocasión y comics de El Joven, la exposición del Concurso de Cuchillería y algo de historia.
Y por el resto de la Feria que decir... que no sé cómo aguantamos estos diez días, vivos y enteros (y como lo soporta la cuenta del Banco, ni la crisis puede con la Feria, joé). A comer con mis padres, mi hermano, Mª José y el chiquitín; a comer con los amigos y su test de compatibilidad a traición; a comer con los padre de Rakel... Dios mío, yo no sé ni cómo lo conseguimos soportar.
Pero ¡PRUEBA SUPERADA! Otra Feria que pasa sin llevarnos por delante.
Por cierto, ¿Os he comentado que sólo faltan doce días para que nos casemos? Qué largo me parece, y qué ganas de que llegue....
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jueves, 21 de mayo de 2009
Preparando nuestra boda. Cursillo prematrimonia (y 3)
El tema del miércoles fue la comunicación. Otro matrimonio fue el encargado de tratar un tema tan bonito y a la vez tantas veces escuchado.
Para mí, es muy difícil de mantener la atención en este tema. Demasiadas veces, quizás, me han hablado de la comunicación, de la asertividad, del lenguaje corporal. En el instituto, en la Facultad, en decenas de cursos sobre actividades juveniles, solidarias o deportivas. En el CAP o en el curso de Formador Ocupacional. Por eso, el hecho de conocer al chico que nos los impartió de haber compartido ya algunas Pascuas y otras experiencias con sus hijos –lo que nos ha llevado a no ser unos perfectos desconocidos, precisamente- me ayudó a no afrontarlo con cansancio, sino con respeto, atención y, porque no decirlo, un poco de complíce camadería. Simplemente porque conocía a la persona que lo iba a dar y porque lo aprecio.
Fue un tema muy interesante, muy agradable. Coincidimos Raquel y yo, plenamente, en que la comunicación es un tema de dos, no de uno. Por mucho que uno sólo –o una sóla- se esfuerce en ser agradable, en preguntar, en ofrecer puentes a la comunicación en pareja, si la otra parte no quiere o no sabe, o no le apetece comunicarse, lo que habrá no podrá ser llamado comunicación, ni diálogo.
Y la comunicación en un matrimonio es importantísima. En todos los sentidos y facetas, en todo momento. Y una comunicación cariñosa, cortés, cuidada en las formas, sin medias tintas. Creo que comunicarse así es también evangelizar. Y si no empezamos en casa…. Muchas veces he perdido la paciencia con mi madre, por ejemplo. No importa quien tuviera o no razón, qué más da. Si alguna vez la tuve, la perdí en el momento en que decía algo totalmente fuera de lugar o con un tono inadecuado. Quiero pedirte perdón, mamá por ello. Lo siento, de verdad.
¿Veis? Incluso del tema más inesperado puedes aprender algo. De una charla sobre un tema en el que creía ser un experto saco en conclusión que aún me falta muchísimo por aprender.
Estas charlas están siendo, desde nuestro humilde punto de vista, muy, muy útiles. Queremos dar las gracias públicamente a la parroquia de San José y al grupo de matrimonios de esta parroquia por el estilo con que están enfocando el cursillo prematrimonial. Estamos aprendiendo un montón de cosas.
Gracias, de corazón.
Para mí, es muy difícil de mantener la atención en este tema. Demasiadas veces, quizás, me han hablado de la comunicación, de la asertividad, del lenguaje corporal. En el instituto, en la Facultad, en decenas de cursos sobre actividades juveniles, solidarias o deportivas. En el CAP o en el curso de Formador Ocupacional. Por eso, el hecho de conocer al chico que nos los impartió de haber compartido ya algunas Pascuas y otras experiencias con sus hijos –lo que nos ha llevado a no ser unos perfectos desconocidos, precisamente- me ayudó a no afrontarlo con cansancio, sino con respeto, atención y, porque no decirlo, un poco de complíce camadería. Simplemente porque conocía a la persona que lo iba a dar y porque lo aprecio.
Fue un tema muy interesante, muy agradable. Coincidimos Raquel y yo, plenamente, en que la comunicación es un tema de dos, no de uno. Por mucho que uno sólo –o una sóla- se esfuerce en ser agradable, en preguntar, en ofrecer puentes a la comunicación en pareja, si la otra parte no quiere o no sabe, o no le apetece comunicarse, lo que habrá no podrá ser llamado comunicación, ni diálogo.
Y la comunicación en un matrimonio es importantísima. En todos los sentidos y facetas, en todo momento. Y una comunicación cariñosa, cortés, cuidada en las formas, sin medias tintas. Creo que comunicarse así es también evangelizar. Y si no empezamos en casa…. Muchas veces he perdido la paciencia con mi madre, por ejemplo. No importa quien tuviera o no razón, qué más da. Si alguna vez la tuve, la perdí en el momento en que decía algo totalmente fuera de lugar o con un tono inadecuado. Quiero pedirte perdón, mamá por ello. Lo siento, de verdad.
¿Veis? Incluso del tema más inesperado puedes aprender algo. De una charla sobre un tema en el que creía ser un experto saco en conclusión que aún me falta muchísimo por aprender.
Estas charlas están siendo, desde nuestro humilde punto de vista, muy, muy útiles. Queremos dar las gracias públicamente a la parroquia de San José y al grupo de matrimonios de esta parroquia por el estilo con que están enfocando el cursillo prematrimonial. Estamos aprendiendo un montón de cosas.
Gracias, de corazón.
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miércoles, 20 de mayo de 2009
Preparando nuestra boda. Cursillos prematrimoniales, segunda sesión.
Si decía en la entrada anterior que el lunes nos gustó mucho la charla que nos ofrecieron en los cursillos prematrimoniales, debo decir que la de ayer nos encantó.
Y fue porque nos ofrecieron lo que eché en falta en la primera: espiritualidad. El matrimonio que, en esta ocasión, nos habló tenía que habernos darnos la charla correspondiente al tema del Sacramento del matrimonio. Pero decidieron darnos otra, y al final, las mezclaron y salió algo muy iluminador.
Resumiendo: desde su propia experiencia de vida y de fe, nos testimoniaron cómo el matrimonio, la unión de dos personas que se quieren y que quieren compartir sus días con sus noches, cama y macarrones –como decía Serrat-, puede convertirse en un signo de amor. Como una pareja puede hacer extensivo su forma de quererse a los demás, a través de su forma de comportarse y de ser, sin forzar situaciones ni emprender grandes empresas que –a nosotros, desde luego- se nos quedarían grandes. Pero que sí vamos a poder intentar expresar la fe que sentimos como pareja, que vamos a poder probar a hacer algo que valga la pena.
Me gustó mucho. Recuerdo que mi pensamiento mientras nos hablaban de todo esto era: “ya no voy a estar sólo”. A partir de ahora, la lucha será compartida. El esfuerzo de cada uno será sobrellevado entre los dos. Me gusta. Me gusta mucho.
Y además, nos reforzaron en nuestra forma de entender lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo.
Aviso para navegantes: ésta es nuestra manera de vivir esta experiencia. Cualquier otra forma de entenderlo es tan buena, tan sincera y tan tierna como sus protagonistas quieran vivirla.
Creedme –si que hay alguien que lea este puñetero blog- cuando os digo que nos ilusiona mucho más encontrar unas lecturas con las que identificarnos ese día y unos cantos que signifiquen algo para nosotros y que todo el mundo pueda cantar, que cualquier otra cosa. Que también haremos, claro.
Pero es que no es eso lo que nos importa.
Si alguien sólo pudiera acompañarnos en algo, sin dudas le diríamos que en la ceremonia. El resto lo entendemos como añadidos. Importantes, pero añadidos.Pero lo que realmente nos importa es el rito, la ceremonia, el hecho de hacer público nuestro compromiso, ante Dios y ante nuestros seres más queridos y más cercanos. Queremos que sea una ceremonia sencilla, lo más participativa posible y sobre todo… muy alegre. Créednos si os decimos que hubo un momento en que creímos, por razones económicas y organizativas, que sólo podríamos hacer eso: casarnos y prescindir del convite y del viaje de novios y que nos dimos cuenta que no nos importaba. Y nos dimos cuenta que lo único que queríamos era casarnos.
Pues ayer nos reafirmaron esta forma de pensar.
Y fue porque nos ofrecieron lo que eché en falta en la primera: espiritualidad. El matrimonio que, en esta ocasión, nos habló tenía que habernos darnos la charla correspondiente al tema del Sacramento del matrimonio. Pero decidieron darnos otra, y al final, las mezclaron y salió algo muy iluminador.
Resumiendo: desde su propia experiencia de vida y de fe, nos testimoniaron cómo el matrimonio, la unión de dos personas que se quieren y que quieren compartir sus días con sus noches, cama y macarrones –como decía Serrat-, puede convertirse en un signo de amor. Como una pareja puede hacer extensivo su forma de quererse a los demás, a través de su forma de comportarse y de ser, sin forzar situaciones ni emprender grandes empresas que –a nosotros, desde luego- se nos quedarían grandes. Pero que sí vamos a poder intentar expresar la fe que sentimos como pareja, que vamos a poder probar a hacer algo que valga la pena.
Me gustó mucho. Recuerdo que mi pensamiento mientras nos hablaban de todo esto era: “ya no voy a estar sólo”. A partir de ahora, la lucha será compartida. El esfuerzo de cada uno será sobrellevado entre los dos. Me gusta. Me gusta mucho.
Y además, nos reforzaron en nuestra forma de entender lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo.
Aviso para navegantes: ésta es nuestra manera de vivir esta experiencia. Cualquier otra forma de entenderlo es tan buena, tan sincera y tan tierna como sus protagonistas quieran vivirla.
Creedme –si que hay alguien que lea este puñetero blog- cuando os digo que nos ilusiona mucho más encontrar unas lecturas con las que identificarnos ese día y unos cantos que signifiquen algo para nosotros y que todo el mundo pueda cantar, que cualquier otra cosa. Que también haremos, claro.
Pero es que no es eso lo que nos importa.
Si alguien sólo pudiera acompañarnos en algo, sin dudas le diríamos que en la ceremonia. El resto lo entendemos como añadidos. Importantes, pero añadidos.Pero lo que realmente nos importa es el rito, la ceremonia, el hecho de hacer público nuestro compromiso, ante Dios y ante nuestros seres más queridos y más cercanos. Queremos que sea una ceremonia sencilla, lo más participativa posible y sobre todo… muy alegre. Créednos si os decimos que hubo un momento en que creímos, por razones económicas y organizativas, que sólo podríamos hacer eso: casarnos y prescindir del convite y del viaje de novios y que nos dimos cuenta que no nos importaba. Y nos dimos cuenta que lo único que queríamos era casarnos.
Pues ayer nos reafirmaron esta forma de pensar.
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martes, 19 de mayo de 2009
Preparando nuestra boda. Cursillo prematrimonial.
Nos casamos.
Raquel y yo hemos decidido que queremos vivir juntos, que queremos compartir nuestros días con sus noches.
Y como los dos somos o queremos ser cristianos, y que la nuestra sea una familia cristiana, nos casaremos por la Iglesia. Eso es algo que jamás hemos dudado. Somos personas de fe, y como tal, queremos comprometernos ante Dios, y ante nuestro pequeño grupo de hermanicos, familiares y amigos más íntimos.
Cuando surgió el tema de los cursos prematrimoniales, no lo dudamos tampoco. Si queremos casarnos religiosamente, tenemos que hacer los cursos prematrimoniales. Y punto.
Nos surgió la oportunidad de que “nos los firmaran”, pero no nos pareció bien, ya que no queremos empezar nuestra vida en común con atajos y con actos de cara a la galería. En nuestro corazón sabríamos que no lo habríamos hecho bien.
La verdad es que nuestra boda se ha ido acoplando, en fechas y en todo lo demás, ella sola. Pillamos la primera iglesia que tenía una fecha que nos molaba –la Parroquia de San José, en Albacete- y, curiosidades de la vida, fue también la que impartía los cursos en fecha propicia. Pues mira, miel sobre hojuelas. Además, Javier, el cura, nuestro cura, el que –si puede ser- nos va a casar, está destinado en esta parroquia temporalmente. Si es que no se puede pedir más.
Ayer fue el primer día de los cursos, y la verdad es que la reunión nos gustó. La charla fue amena, la pareja encargada de impartirla este primer día era muy simpática, y el tema era interesante: las relaciones de la pareja recién casada ya sea entre ellos, con la familia e incluso con los amigos.
Es cierto que eché en falta un poco más de espiritualidad, no sé. Algo más profundo, con más sentido teológico. Nos dijeron que la familia es la base de la Iglesia, sí, pero eso ya lo he oído, y tampoco lo desarrollaron demasiado. Bueno, la verdad es que lo desarrollaron muuuy poco para mi gusto, pero supongo que no era ni el momento ni el lugar más adecuado para ello.
Porque a pesar del bajón de fe que me ha marcado durante el pasado año, siento que lo que vamos a hacer me está volviendo a despertar el corazón. Mi espíritu empieza a moverse otra vez, me vuelven inquietudes, me apetece volver a celebrar la Eucaristía con la Comunidad Semilla. Incluso me empieza a rondar la idea de hablar con un par de parroquias a ver si puedo volver a colaborar en alguna de ellas con catequesis de confirmación. Y este despertar está surgiendo a raíz de la decisión que hemos tomado de casarnos. MOOOOOLAAA.
No sé, para integrarme en un grupo de matrimonios con Raquel, preferimos seguir con nuestra Comunidad, eso lo tenemos claro. El año que viene, me dejaré libres los viernes para poder asistir a las reuniones que nos apetezcan. No digo que no asistiríamos a alguna reunión, por curiosidad o por cortesía, si fuéramos invitados a algún grupo de matrimonios, pero no es algo que creo que ahora mismo necesitemos.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, los cursos prematrimoniales, creo que nos va a gustar la experiencia. Lo normal, por lo que me han comentado amigos y familiares que los han hecho, es que la peña se los tome como un rollo.
Pues a nosotros nos están gustando, mira.
Raquel y yo hemos decidido que queremos vivir juntos, que queremos compartir nuestros días con sus noches.
Y como los dos somos o queremos ser cristianos, y que la nuestra sea una familia cristiana, nos casaremos por la Iglesia. Eso es algo que jamás hemos dudado. Somos personas de fe, y como tal, queremos comprometernos ante Dios, y ante nuestro pequeño grupo de hermanicos, familiares y amigos más íntimos.
Cuando surgió el tema de los cursos prematrimoniales, no lo dudamos tampoco. Si queremos casarnos religiosamente, tenemos que hacer los cursos prematrimoniales. Y punto.
Nos surgió la oportunidad de que “nos los firmaran”, pero no nos pareció bien, ya que no queremos empezar nuestra vida en común con atajos y con actos de cara a la galería. En nuestro corazón sabríamos que no lo habríamos hecho bien.
La verdad es que nuestra boda se ha ido acoplando, en fechas y en todo lo demás, ella sola. Pillamos la primera iglesia que tenía una fecha que nos molaba –la Parroquia de San José, en Albacete- y, curiosidades de la vida, fue también la que impartía los cursos en fecha propicia. Pues mira, miel sobre hojuelas. Además, Javier, el cura, nuestro cura, el que –si puede ser- nos va a casar, está destinado en esta parroquia temporalmente. Si es que no se puede pedir más.
Ayer fue el primer día de los cursos, y la verdad es que la reunión nos gustó. La charla fue amena, la pareja encargada de impartirla este primer día era muy simpática, y el tema era interesante: las relaciones de la pareja recién casada ya sea entre ellos, con la familia e incluso con los amigos.
Es cierto que eché en falta un poco más de espiritualidad, no sé. Algo más profundo, con más sentido teológico. Nos dijeron que la familia es la base de la Iglesia, sí, pero eso ya lo he oído, y tampoco lo desarrollaron demasiado. Bueno, la verdad es que lo desarrollaron muuuy poco para mi gusto, pero supongo que no era ni el momento ni el lugar más adecuado para ello.
Porque a pesar del bajón de fe que me ha marcado durante el pasado año, siento que lo que vamos a hacer me está volviendo a despertar el corazón. Mi espíritu empieza a moverse otra vez, me vuelven inquietudes, me apetece volver a celebrar la Eucaristía con la Comunidad Semilla. Incluso me empieza a rondar la idea de hablar con un par de parroquias a ver si puedo volver a colaborar en alguna de ellas con catequesis de confirmación. Y este despertar está surgiendo a raíz de la decisión que hemos tomado de casarnos. MOOOOOLAAA.
No sé, para integrarme en un grupo de matrimonios con Raquel, preferimos seguir con nuestra Comunidad, eso lo tenemos claro. El año que viene, me dejaré libres los viernes para poder asistir a las reuniones que nos apetezcan. No digo que no asistiríamos a alguna reunión, por curiosidad o por cortesía, si fuéramos invitados a algún grupo de matrimonios, pero no es algo que creo que ahora mismo necesitemos.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, los cursos prematrimoniales, creo que nos va a gustar la experiencia. Lo normal, por lo que me han comentado amigos y familiares que los han hecho, es que la peña se los tome como un rollo.
Pues a nosotros nos están gustando, mira.
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